Cronista
Antonio Lledó López
a 16/4/07
  Sahara Bike 2007  
Día 1 Madrid - Marrakech

Como un niño cuando espera toda la noche despierto la llegada de sus majestades los reyes de oriente, así era como me sentía la noche del sábado al domingo. Impaciente porque sonara mi despertador. Al fin lo hizo y como una bala salte de la cama para iniciar mi viaje, a lo que sería mi primera vez en subir a un avión y en salir de España.
El llegar a Barajas era algo nuevo para mi, estaba contento pero a la vez asustado por el viaje. Intente recordar cosas sobre evitar el miedo a volar, pero era imposible no recordar momentos pasados y de preguntarme, ¿podrá pasar otra vez?.
Hay una anécdota muy graciosa que ocurrió en la zona antes del embarque. Ocurrió que sin saberlo llevaba un cuchillo en el equipaje de mano, MENUDO SUSTO CUANDO ME LLAMAN Y ME DICEN QUE TENIA UN CUCHILLO !!!!!!! Por suerte no me dijeron nada, eso si, me lo quitaron y me fui. Esto hizo que lo pasara peor en el avión. Al subir al avión y ver ese autobús con alas, mi miedo aumento.
Pasada una hora y media de sufrimiento, el comandante dice: "estamos descendiendo al aeropuerto de Marrakech", dije: ya no creo q pase nada, y así fue.

En Marrakech, todo era diferente, sobretodo el clima que nos esperábamos, ya que caía una aguacero tremendo. Terminado todo el follón de recoger equipaje, nos dirigimos con los guías a un "camión" y 4x4 para realizar un paseo de mas de 6 horas hasta Tinergit, nuestro inicio de etapa. Lo primero que me sorprendió fue la amabilidad de la gente. Montados en los vehículos y preparados para ese gran paseo, me disponía a pegarme a la ventana para disfrutar del paisaje, pero no fue así. Allí no existen autovías y mucho menos se respetan las normas de circulación. Montados en la "furgoneta de la muerte" empezamos a cruzar la cordillera de los atlas. Tras varias paradas para comentar las burradas de los chofer, llegamos a Tinergit, una pequeña ciudad a oscuras, donde su única calle principal nos esperaba un pequeño hotel para poder descansar de tan tortuoso viaje. A partir de ese día nos olvidamos del alcohol y como no de la majestuosa cerveza, para pasar al agua azucarada o la coca-cola. Terminado el día, con los cuerpos cansados del viaje, del susto, de la sopa hasta arriba de curry y de la orquesta de amigotes del hotel, nos fuimos a la "cama".

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Día 2

Suena mi despertador a las 6 de la mañana, 8 am hora española, para iniciar nuestra aventura del SaharaBike. De la lluvia que ayer nos acompañó todo el día, hoy no quedan ni los charcos, ya que luce un sol que nos anuncia un día de mucho calor. Tras poner a punto nuestra bicicleta, comenzamos a dar unas vueltas por el pueblo rodeados de niños curiosos, de vendedores, de pillos y de todo de tipo de gentes. Monsieur un bombón, Monsieur un estiló ...
SE INICIA LA AVENTURA...


Rodamos por las calles del pueblo hasta dejarlo para pasar a la nada, una extensa planicie rodeada de montañas lejanas y salteada de pequeños poblados repletos de niños corriendo a tu lado con el único fin de un bolígrafo o un caramelo.
Las fuerzas estaban perfectas, tu cuerpo te responde de maravilla y no dejas de pensar en lo que estas realizando. Pasadas unas horas, todo esta al reves, tus fuerzas flojean a causa del calor y de los puertos de montaña, las rectas son interminables y llega el momento en el que piensas si de verdad vales para este tipo de pruebas.


Parte de los 56km de esta primera etapa los realicé en solitario, ya que la única persona que me acompañaba era mi hermano y el estaba muy por delante mia. Cada buena vista era como un soplo de aire, ya que aprovechaba para realizar un fotografía y para recuperar fuerzas. Sobre las 5.30 de la tarde llego al campamento, que esta situado al borde de un rio y junto a un poblado. Mi hermano lleva mas de 2 horas descansando junto con varios ciclistas mas. Me alivio cuando veo que aun falta gente por llegar, por lo que no soy el último. Una vez recuperado fuerzas y estirado, me quedaba otra pequeña prueba... ducharme con agua muy muy fría del rio. Mi cuerpo quedó como nuevo tras el baño de agua fría, como si de un masaje hubiera pasado, pero había una parte de mi que poco se había aliviado; mi culo, jejejejej. Antes de iniciar este viaje me comentaron que la temperatura en la noche era muy baja, pero nunca lo había comprobado hasta hoy. Muy macho de mi, me dispuse a meterme en el saco casi desnudo, pero a la hora y media tuve que vestirme completamente por el frio que hacia en la noche. Nos encontrábamos a mas de 2000m de altura, en pleno anti Atlas, que es la zona de los atlas mas al sur. La luz de la luna (luna llena) y las estrellas iluminaban todo el paisaje, por lo que era espectacular salir de la tienda (sin mas remedio tuve que salir para hacer una meadita).

Pasadas las 4 de la mañana pude dormir. No se si para dar mas seguridad, las tiendas se montaban todas muy juntas, lo que era bueno a la hora de la seguridad, pero cuando decidía salir para hacer alguna necesidad, todo se convertía en un parque de obstáculos. Los golpes a las tiendas se sucedían, por lo cual nos asustábamos, ya que nos avisaron que los pueblerinos del pueblo cercano estaban al acecho toda noche, ME HICIERON PASAR UNA MALA NOCHE.

DÍa 3

Cuando por fin consigo dormirme, empiezo a notar algo a mi lado, y no era mi hermano, ya que se pasó toda la noche ocupando toda la tienda, si no el móvil avisándome que eran las 6 de la mañana. Salgo de la tienda y empiezo a notar los primeros dolores en mis piernas, aún hacia frio, parte del grupo se estaba levantando. Nos citan a las 8 de la mañana para el desayuno pero antes teníamos que desmontar la tienda y dejar las mochilas en los camiones, momento que aprovechaba para ver el ánimo de la gente y para terminar de despertarme.
Tras un desayuno reparador iniciamos la ruta, 82 kilómetros y encima con el mayor puerto de montaña!!!!!!!!

Pasados 7 kilómetros, la pista se empieza a empinar, juego con los desarrollos de la bici para acomodarme al desnivel, a cada metro mi mente se empieza a venir abajo, intento darme fuerzas con frases interiores "vamos cojones, que tu puedes", "si estas aquí es por algo",... jejejej parece ridículo pero funciona. El subida era de 20 kilómetros con un desnivel medio del 8%,  me mato!!!. Además de mi dolor propio, también tengo que lamentar la perdida de mis gafas de sol, ya que pasé por encima de ellas con la bici, una putada!!! Pasadas unas horas consigo llegar a lo alto del puerto, estamos a mas de 2500 de altura, me emociono al pensar que acabo de cruzar parte de la cordillera de los Atlas. Después de un almuerzo reparador con un bocata de atún, una naranja y azúcar nos ponemos en marcha para bajar el puerto. Todo pinta fácil, pero nada de eso. Es la peor bajada que e visto, la pista esta intransitable, llena de piedras y transitada por 4x4. Mi bici es semirrígida, por lo que mi culo y mis pies lo pasaran muy mal. Nos aconsejan de que no es obligatorio bajarla en bici y podemos subir a los todoterrenos.

Comienza la bajada y las vistas son impresionantes, el terreno empieza a cambiar, pasados de las formaciones rocosas , a planicies desiertas salpicadas de oasis. Los primeros dromedarios se dejan ver en una charca y la arena fina de duna se empieza a ver mas a menudo. Al final de la bajada nos espera un descanso a la sombra de una pequeña tienda donde nos cocinan unas tortillas. Terminamos de comer y volvemos a montar nuestras bicicletas de camino a una preciosa garganta erosionada por lo que ahora es un pequeño arroyo. Todo el borde del arroyo esta repleto de vegetación, de palmerales y de casas de adobe. Los niños no se cansan de intentar vendernos todo lo que poseen, colgantes, telas, pulseras ... Durante este tramo mis fuerzas estaban al máximo, tenía un ritmo muy bueno, todo estaba a mi favor, buena pista, sin demasiadas subidas... todo perfecto hasta el final de la garganta. En nuestro roadbook nos ponía que pasaríamos por un pequeño puerto son dificultad, pero no fue así, era una subida corta pero que se las traía, a esto se le añade que los niños no paran de agobiarte mientras tu sufres por no perder el ritmo en plena subida.

Después de esta pequeña subida y de conseguir sacarle una sonrisa a una niña solamente con caramelo, comienza la nada, una gran extensión llana, pedregosa, donde las acacias se salpican con algún pequeño palmeral que sufre por el castigo del sol. A 10 kilómetros nos espera el siguiente poblado, donde volveremos a hacer una parada. Solo quedan 20 kilómetros para finalizar la etapa, pero la pista cambia. Dejamos las pistas de tierra para pedalear por asfalto. Eran 20 kilómetros de una pista casi recta, donde no se veía el final, una verdadera prueba para, ya que pedaleaba solo. Mi ritmo era muy bajo, mi mente me abandonó hacia mucho ya y el tiempo y los metros pasaban muy despacio, todo iba en mi contra, hasta el viento me quiso joder. Cuando mi cuentakilómetros marcaba que había pasado los 20 últimos kilómetros, empecé a alegrarme, ya que veía el final cerca. Me comentaron que el campamento estaba en un oasis a la derecha de la carretera, pero todos los iba dejando atrás sin rastro del campamento. Empezaba a ponerme nervioso y muy cabreado, llevaba mas de 25 y kilómetros y no aparecía señal del campamento. Muy nervioso y casi perdido decidí volver sobre mi camino, ya pensaba que dormiría bajo una palmera. El miedo empieza a salir, era la primera vez que tenía esa sensación, fue terrible. Al poco de dar la vuelta me crucé con uno de los todoterreno de la organización, me vi mas aliviado, le hice señales pero no paro el muy hijo de puta. Intenté sacar mis últimas fuerzas para seguirle y ver que camino seguía pero me fue imposible. Por lo menos sabia que dirección tomar. Todo el camino hasta el campamento estuve maldiciendo al chofer del todoterreno. Al fin consigo ver el campamento, por lo que me alivio, el miedo y los nervios se me van y me olvido de todo lo que tenía pensado hacer al conductor de l 4x4. Al entrar al campamento mi hermano me estaba esperando con agua y galletas de chocolate (por cierto, estaban buenísimas). Todo terminó por hoy.

DÍA 4

En esas noche es cuando mas te acuerdas de los dentistas o del hilo de nylon y un pomo de puerta. Digo esto porque pasé toda la noche con dolor de muelas, un dolor que apenas me dejó dormir y descansar. Me levanto con apenas 3 horas de sueño y aún dolorido del esfuerzo de ayer. Las moscas no avisan que el sol pegará de lo lindo durante el día. Son las 9.15 cuando el guía nos avisa de que se inicia la etapa, el calor es insoportable ya a esas horas de la mañana. Volvemos a coger la carretera de ayer, pero ahora frecuentada de niños sin nada que hacer, como por ejemplo ir a la escuela (apenas vi 2 escuelas a lo largo de 300km). Nos persiguen corriendo por el borde de la carretera, algunos, se quitan las chanclas para ir descalzos y así poder correr mas. Nos adentramos en un oasis rodeado de casuchas de adobe medio derruidas por las últimas lluvias. En este pueblo es donde nos encontramos con la primera Kashba, creo que se escribe así. Son antiguos castillos de barro que servían de refugio para los aldeanos y comerciantes. Al salir del pueblo nos espera otra recta interminable, únicamente cortada por pequeños pueblos llenos de niños (se nota que no existe la tele por allí).

Otra cosa que me sorprende (no por no saberlo sino por verlo) es ver a las niñas, mujeres y ancianas cargadas de hasta arriba de matojos, trabajando en la huerta mientras los hombres lo único que hacen es limar las piedras con el culo mientras se sientan a la sombra a charlar entre ellos. Son como ninjas con su capucha, de cuclillas a las espera de algo que nunca llega, ya que no se mueven. Pasan 20 kilómetros de rectas y pueblos y todo el grupo se reunió bajo un grupo de enormes acacias. En cuestión de minutos nos vemos rodeados de niños con ganas de caramelos, bolis, dírham o simplemente curiosear. Muchos de ellos no saben ni leer ni escribir, pero se saben de memoria las alineaciones del Madrid y del Barcelona. Recuerdo a un pequeñito que al caerse mi cámara de fotos al suelo, fue inmediatamente a recogerla y tonto de mi pensé que se iría corriendo para quedárselo, pero lo que hizo fue dármela con un sonrisa. Le di las gracias y seguido una chocolatina, pero creo que desgraciadamente los mayores se la quitaron.

Dejamos atrás al grupo de niños para adentrarnos en un paisaje desolador, abrasado por el sol. Las piedras de color negro, parecen quemadas por el calor abrasador, el camino es infinito y las piedras te destrozan. Parte del recorridos lo hacemos a pie, ya que imposible pedalear. Me engancho a un grupo de compañeros por lo que mi ritmo es bastante bueno. En un paisaje donde diría yo " que las rañas y las chicharras van con cantimplora" aparecían niños de la nada cargados de hierbajos. Nuestro final de etapa era el valle del draa, ruta pegada al rio draa, antigua ruta de comerciantes que aun se utiliza, ya que nos cruzamos con grupos de familias caminando o en burros cargados con sus pertenencias. El camino se empieza a inclinar y se hace imposible pedalear con tanta piedra y sobretodo con el calor. Intento hidratarme todo lo posible, ya que el calor es abrasador, no había pasado tanto calor en mi vida. Podía ver el final de la subida, pero mis piernas estaban sin fuerzas, paré unos segundos, y me dije a mi mismo, " un último es fuerzo". Al pasar un curva de la subida me encuentro con un grupo de niños que subían con dos burros cargados hasta arriba, uno de ellos empezó a animarme, tanto que me puso  las manos en la espalda y empezó a empujarme para que el final de la subida fuera menos pesado. Al fin llego al fina del puerto donde los primeros ciclistas nos esperan comiendo a la sombra. Al mirar hacia arriba me sorprendo al ver que soy de los primeros en llegar, cosa de la que mi hermano se sorprende y deja escapar un "¡¡ joder !!". Dejo la bici y me pongo en el único hueco de sombra que me dejaban. Tras una hora de descanso nos espera una pequeña bajada pero emocionante para finalizar con unos oasis grandísimos y una palmera de 9 troncos. A partir de este momento es cuando empiezo a currarme mi apodo final " el trenecito", ya que es cuando conozco a miguel, un hombre jubilado de Jaén al cual me pego ya que tiene mi mismo ritmo. El tramo final del día transcurre por un pista muy buena, pero frecuentada por 4x4 y quads. La etapa termina en un inmenso oasis donde nos refrescamos y nos duchamos en las acequias del mismo. El agua esta helada, pero te deja nuevo.

La noche se acerca y nadie se espera lo que pasará. El viento se levanta muy fuerte, alguna de las tiendas están a punto de volar y lo peor aún no a llegado. Nos vamos a cenar a una de las tiendas de la organización, mientras el viento hace peligrar la tienda. Tras último té y dos copas de vino de jerez nos vamos a la tienda y nos sorprendemos que está llena de arena, ya que está empezando a formarse una tormenta de arena. La noche transcurre con un viento tremendo, apenas pudo dormir nadie y además las " sierras" estaban dale que dale (sierra: ronquidos) jejejejejejejejej).

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dÍA 5

" ¿Quien a barrido el suelo?", eso es lo primero que escucho nada mas despertarme. Tras pasar toda la noche con un fuerte viento, nos levantamos comentando nuestros problemas con la tienda y el viento. El agua helada de las acequias nos despeja para volver a ponernos en marcha en nuestra siguiente ruta. El inicio de ruta es muy suave, pedaleamos por lo que allí se puede considerar un pista asfaltada y señalada (aquí sería un camino tortuoso). Nos comenta la organización que a 20 km debemos parar en un pueblo donde está montado un mercadillo bastante curioso. Al llegar al pueblo, gracias en parte al "trenecillo", me junto con mi hermano con la intención de comprarme un turbante. De repente, un sensación de vuelta al pasado, vendedores de especias, animales, dentistas rudimentarios, carpinteros, un sin fin de olores y voces te sumerge en otro mundo, es una sensación que no se como describirla. Después de una naranja y unos tomatitos con sal, volvemos al sillín de la bici para continuar la ruta.

Pueblos, subidas, bajadas, palmerales. A los pocos kilómetros el camino transcurre al lado del rio Draa, del cual nos avisan que es un sorpresa que lleve agua. Antiguamente era un rio con muchos cocodrilos, que pena... Las palmeras se van multiplicando y el camino cada vez mas precioso. Vemos como el rio alimenta las orillas de verde y de vida. Las casas y pueblos se pelean por un lado junto al rio. Es momento de cruzarlo y de refrescarse los pies, algunos con un poco de miedo por si algún cocodrilo despistado no se marcho con el resto de cocodrilos. El último tramo de la etapa lo realizamos todos juntos, ya que es un zona de fácil pérdida. Cruzamos un extenso palmeral, donde la sombra nos recupera por completo y también por saber que la meta anda cerca, aunque por los paisajes no vendría mal seguir un rato mas. Nuestro final de etapa se encuentra en los jardines de una antigua Kashba, un lugar de ensueño. A los pies de una antigua Kashba aun habitada se encuentra nuestro campamento. 

Después de un merecido descanso decido dar una vuelta por los alrededores de la Kashba, y para mi sorpresa me encuentro con un partido de fútbol de los chavales de la zona. Les pido encarecidamente que me dejen jugar y tras pensarlo mucho se deciden por dejarme jugar. Un experiencia bonita. Lo mejor aun queda por llegar, ir al HAMMAN. El hamman son unos baños de agua muy caliente, donde pasas de sala en sala y el agua es cada vez mas fría, te deja como nuevo. Nos dejó nuevos y con mucha hambre, tanta como para comernos dos pinchos morunos. Aun tenia espacio para una buena ensalada y Tayin. Por fin nos vamos a descansar. Esa noche me fui muy temprano, mi cuerpo me lo pedía.

DÍa 6 - Última etapa en bicicleta

Suena mi móvil, son las 7.00 de la mañana. Decido levantarme cuando me doy cuenta de que mi cuerpo quiere quedarse un rato mas. Me animo pensando que será el último día de bici, aunque también da pena, ya que no volveré a pisar por estas fantásticas tierras. Tras un desayuno, nos invitan a visitar una kasbha.

Es un antiguo castillo construido con barro y piedras. Está casi derruido pero aún esta habitado. Comenzamos a subir y notamos bajo nosotros como el suelo se mueve y se hunde. Nos obligan a caminar separados, ya que en algunas zonas el suelo se puede venir abajo. Palmeras, palmeras y mas palmeras, eso era lo que veíamos desde lo alto de la kasbha. Era una vista única. Terminamos la visita y nos ponemos en marcha. Intento hacerme a la idea que e podido conseguir hacer esta ruta. Me motiva, ya que poca gente diabética decide hacer una ruta así con los problemas que de esta enfermedad. La mayoría de la gente de la ruta se levanta, desayuna, pedalea, cena y descansa, también lo hago yo pero diferente. Al levantarme me mido mi nivel de azúcar, de pongo mi dosis de insulina, y a desayunar fuerte, ya que siempre tenia bajones de azúcar durante las etapas. Al terminar volvía a medir mi nivel e inyectarme. Toda una rutina diaria. También estaban las noches en las que me daba un bajón de azúcar. Aquí no era como en mi casa, que cuando me da, voy al frigo me tomo una coca-cola y se pasa, allí estoy en pleno desierto, si nada. Yo dormía con mi hermano pero nunca le decía que me daban bajones, si me preguntaba a media noche le decía que tenia sed o que quería salir fuera a ver el cielo (es precioso allí). Antes de dormir siempre siempre tenia una coca-cola dentro de mi saco de dormir, era mi pequeño acompañante. Creo que el hacer este tipo de cosas me motiva y me ayuda con este problema de la diabetes, hace que me intente superarme en la vida. Con esto no digo que mi carrera tenga mas mérito que la de los demás, para nada, solo digo que para mi fue todo un reto, el cual no será el último. Seguramente algún día la diabetes tendrá cura y cuando llegue ese día quiera seguir siendo diabético, ya que me ayuda a valorar mi vida.
Después de este rollo sigo con la ruta.

dÍA 6 - CONTINUACIÓN

Salimos del pueblo dirección a un gran palmeral por el que pedaleamos entre acequias y pozos. El camino está salpicado de pequeños pueblos que nos esperan con gran curiosidad. En nuestro rutómetro aparece que hoy también tendremos un pequeña subida pero intensa. Se hará lo que se pueda... Tras varios kilómetros entramos en un pueblo donde se celebra una boda, y para ello realizan un sacrificio de un animal. Cuando llegamos los matarifes ya lo habían matado y estaban quitándole la piel. Los niños del pueblo se pegan a nosotros con gran curiosidad y otros con pillería, como el que me robó mis pequeñas herramientas de la bici. Salgo de allí cabreado dirección al la subida del pequeño puerto. El agua me escasea, por lo que me doy prisa en encontrar a la organización. Me junto con un compañero para que tirara de mi y poder subir mejor la subida. Al ver mejor la subida puedo ver que es subir literalmente un monte, subida pequeña pero muy empinada.

Empieza la subida y noto que me encuentro bien de fuerzas, es dura pero aguanto. Al coronarla contemplo una vista preciosa, además me cruzo con otros ciclistas de otra carrera, su subida era peor. La bajada era estupenda, y la pista también. Llevados 5 kilómetros nos para la organización para decirnos que en el siguiente pueblo haríamos una parada (de puta madre). Deje de ver a mi hermano desde empezar la mañana y esperaba verlo allí. Nada, mi hermano no estaba allí, me dijeron que siguió con juanlu. Fue una para muy larga, la cual disfruté una pachanga de futbol con los niños de allí. Son gente que se conforma con poco, simplemente jugar con ellos les hace feliz. Retomamos la ruta que discurre pegado al rio, todo completo de palmeras y pequeños pueblos. Cada vez me hago mas a la idea de que esto se termina e intento disfrutar  el máximo de la ruta. Pedaleo junto a Miguel, paliqueamos y paliqueamos, sabiendo de que lo hemos conseguido y por fin descansaremos. Por fin entramos en el pueblo final, la emoción es grandísima.

Mi hermano nos espera en la puerta del hotel, me habla y yo casi no puedo ni hablar, pero no de cansancio, si no de emoción de alegría. Parecerá cursi pero es una sensación única. Embalo mi bici y me preparó para una buena ducha y para aguantar una noche larga...

Antonio Lledó López